06 Novembro 2008

fecundação e alívio - raul



“Luciferina”

Tu perversidad supera tu etiquetado cuerpo,
poseída, comerciada al extremo conyugal,
prefieres sufrimiento de tu único amor
en vez de perder lo ganado al haber sido saciada gratuitamente.

Fémina demencial,
observas desde la manipulación exagerada,
pues tu vanidad mezquina no me abarca
mas sólo abarca el embeleso de tu ansioso conducto.

Atrapas la sangre y vuelas sollozando,
piensas que claudico, al desgraciarte los sentidos,
muestras tu prodigio por medio de mis fauces
y sangras al no menospreciar mi redención.

Dañas al abrir tu mandíbula,
das nada ante la superficialidad madura
y desenmascaras tu verde corazón
al pedir reciprocidad galvanizada en metal.

Fuiste lo primero que vi
y esto fue mi condena
con dulce final anticipado,
sabiendo que dulce es lo idealizado
y por esto común estupefacto,
falto de dinámica, falto de sapiencia
al ver un rosa femenino, y otro azul masculino.

Tu ignorancia es endeble,
pues ni con esta puedes correr ciegamente,
desconfías brutalmente de quien te quiere
y anhelas la suerte de quien tu deceso desee.

Mi cariño hacia ti me es impertinente
y debe ser no abarcable en mis sentimientos,
la estrechez es tuya, pues yo no resbalé y revolqué,
mas sí tropecé y floté, y en sí me gustaba
mientras tú llorabas.

Te consolé tardes infinitas,
cuando las lágrimas derramadas
eran secadas por mis dedos lozanos e inocentes,
te abrazaba pues te amaba,
mi vida era imponente ante tu sufrir.

Ahora lloro, desgañito pidiendo tu ayuda
y tú me das la espalda
evitas mi reclamo, cual estiércol regado,
me envidias, pues tu sabiduría es infantil.

Ogra consumada eres tú,
no te puedo odiar
pues el peso al caminar
desarmaría mis pasos.

Nunca me quisiste,
pues ni vestigio tengo de enseñanza emocional,
Luciferina dame tu “cielo”
que es lo único que con gratitud darías.

Asfixiaré tu malévolo cariño, raptándolo
y lo derramaré al filo de tu tumba
al ver en el reflejo a un orate robando lágrimas
para que nadie te pueda llorar.

Y al ver tu mirada ignorante,
entre almohadillas níveas, en un féretro rojo,
desataré mi flema biliar
trayendo a tu imagen despiadada
una lágrima real.

Raúl Allain